Viviendo al límite

Viviendo al límite.
Llevo un tiempo sin pensar que hago, que hacer, y sin embargo me veo haciendo cosas de todo tipo, viviendo al limite de todo, sin ser consciente del lo estresante que podría ser llevar este ritmo si mi vida fuera otra, si fuera como la de antes, imposible será si mañana me cambian el ritmo de ésta en la que me muevo como pez en el agua, sin tiempo aparentemente de nada pero en el que estoy haciendo todo lo que me gusta y deseo. Mi vida esta llena de pasiones, de ruidos nuevos que me frenan el pensamiento para escucharlos, veo el dibujo de una nube en el cielo y me hace parar mi caminar para plasmarla en una fotografía, cuando cocino los aromas me desbordan y estoy deseando que llegue su hora de degustar, amo el orden y por fin todo está en su sitio, amo la limpieza, el olor a limpio de las cosas y el tacto de una sábana recién puesta y es lo primero que hago cada amanecer darle a todo su lugar y luz. Ya no leo, devoro libros, ya no escribo a ratos, vivo escribiendo. Sigo estudiando y no le doy más importancia porque creo que viviré estudiando eternamente, voy a clases, asisto a club de lectura, voy a zumba dos días en semana, aunque os confieso que iría más a menudo, bailar me hace olvidar y me reactiva. Tantas cosas se pueden hacer en un solo día que lo que menos puedo hacer es aburrirme, pero últimamente también me estoy permitiendo esos espacios en blanco, de pura reflexión, algo filosófica y con una pizca de trascendencia. Amo todas esas cosas limitantes que hago y me dan la vida, que dibujan como soy, me hablan de lo poco que necesito para realizar todas y cada una de esas cosas y sobre todo veo y disfruto cada día más de lo que para mí es lo más grande que hago, que da renombre a mi mayor título, ser madre. Mi hijo me regala cada nuevo día un abanico de emociones, las hay de todas, bueno quitaría ira y asco, me ha enseñado a hacer de ellas sentimientos perecederos como el de amar, verbo que conjuga a las mil maravillas y que como nadie sigue haciendo que crezca un día tras otro, mientras yo ilusa de mí creía que había llegado al limite de saber lo que era.
Y sigo… sigo soñando con encontrar el límite de a todas las cosas. Sara y.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *