VIDAS DE OCASIÓN

VIDAS DE OCASIÓN
Vivir al límite tenía que pasa factura, y eso acabó ocurriendo a la vida de Diana de noche, Aurora de día, que vivía entre sueño y vigilia, vida no siempre sana, por no decir nunca. Vivir la noche, soñar el día era su máxima y así durante años, viviendo una vida oculta a los suyos, ficticia, inventada. Siempre al límite entre el bien y el mal, entre el leve aparentar de estar bien y sin embargo vivir en los suburbios de su propia vida.
Diana de noche era auténtica, vivaz, alocada, pertinente y perspicaz, era auténtica. Vivía sin normas, sin reglas, sin identificar el mal del bien pues el limite de las cosas había sido su escuela, ese espacio donde ser diferente era donde ella se encontraba bien.
Pasaron días, meses, años, y Diana se apodero de todo y de todos, aislando a esa Aurora, que siempre estaba para todos, servicial, predispuesta, sincera, honesta, esa a la que tanto odiaba su mayor enemiga, Diana, y por ello intentaba que sus horas en casa, en familia, con los suyos fueran siendo poco a poco ninguna.
Esa doble vida la fue matando por dentro, por fuera, quedando completamente vacía de realidad. Acabo no conociendo quien era, ni sabiendo que hacia, no reconocía en lo que se había convertido, una auténtica desconocida hasta para sí misma, por ello sus horas de Aurora eran mínimas, las pasaba durmiendo, en casa o en cualquier otro sitio, perdiendo un trabajo tras otro, acumulando deudas ya impagables, rozando tanto el mal que la hacía vivir en un limbo ya casi apenas legal, drogas, sexo, juego, deudas más y más. Fue diciendo adiós a amigos, familia, incluso a sí misma. Diana vivía sin embargo feliz, pues se había echo la dueña de todos los fracasos de Aurora.
Su familia lejos de ayudarla nunca la dejaron de lado, pero claro a la que no dejaban era a Aurora, mientras que no sabían absolutamente nada de esa tal Diana a la que todos parecían conocer mejor que ella a sí misma. Quisieron forzarla, obligarla, frenarla, que confesará, que se mirará con los ojos con los que la amaban hacían, pero nada sirvió de nada, Diana tiraba de Aurora, la arrojaba a la velocidad, a una vida de ocasión.
Sara y.
Dedicado a esa Aurora que sigue ahí y que con la ayuda de los que la queremos puede volver a vivir, revivir y ahogar a esa Diana de noche que tanto daño te y nos a hecho a todos los que te queremos. En tu limite también estamos. TQ.

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