Vencedor y vencido. Ejercicio 9 women.

Diez años después de aquella febril mirada, volvían a enfrentarse, cara a cara. El presente del uno frente al del otro.
Manuel, vestía traje negro, peinado y calzado que destelleaban desde lo lejos del largo pasillo.  Su modo de andar le diferenciaban del resto por muchos años que pasarán.
Rodrigo, con un look totalmente informal pero elegante, tampoco le hacía pasar inadvertido en aquel lugar, y menos para Manuel, que sin duda fue el primero en verlo. Desde la apertura de puertas lo diferenció,  desprendía luz y llegó a gran velocidad a sus oídos su inolvidable modo de reír, reía a carcajadas pausadas, delatando con ello su nerviosismo y falsedad, que él, tan bien conocía. Fue casual verlo tras abrirse las puertas  del ascensor que le llevaba a la tercera planta de aquellos juzgados de primera instancia de aquella lejana ciudad. Volvía a tenerlo justo frente a él,  después de tantos años, y pensó: – oh no!. Es Rodrigo, el extremadamente encantador Rodrigo, sentía ya un nudo en el estomago recordando de un plumazo aquellos años que creía olvidados, en los que el fogonazo de chico estrella le habían dejado en la más oscura indiferencia con el resto de compañeros, una y otra vez.
Era Martes, 12 am, Rodrigo defendía uno de los casos de su bufete más importantes de los últimos años. La presión y los nervios le afloraban, y no podía parar de reír y reír. Su defensa estaba más que preparada y sus testigos eran la parte principal para poder ganar de una forma espectacular a su desconocido contrincante. Su estrategía de hoy le harían ser sin duda alguna, el mejor abogado de la ciudad. Eso pensaba hasta que lo vió.  
El caso de hoy era algo difícil, pensó Manuel,  su táctica iba a ser poner las cartas sobre la mesa, acto que le harían ganar en un primer asalto. Estaba más seguro que nunca, tanto que ni su cojera le harían hoy no salir con paso firme por la puerta grande.Tan seguro estaba hasta que lo vió, apagando sus esperanzas de poder ganar.
Cuatro horas de juicio no bastaron para que ni se mirarán, para que lucharan como nunca sobre su escenario favorito, y se movieran como peces en el agua, reclamando, llamando a testigos, aclarando pruebas y en sus ecuaces rueda de preguntas acusatorias a los testigos de su contrincante. Se veían uno al otro pero nunca se miraban y ambos pensaban al verse en lo que habían cambiado, en lo diferentes que eran y en el alto nivel de profesionalidad que con los años habían alcanzado. Ambos se formaron juntos. Los años de universidad quedaron atrás y su amistad también.  
Allí estaban diez años después, una tarde de otoño cualquiera, que les traía no solo la caída de la hoja sino la caída de nuevo de uno de los dos, vencedor y  vencido. Desde su último juicio juntos nunca habían vuelto a coincidir, los kilometros que los separaban eran además de desconocidos,  muchos para que hoy estuvierán uno frente al otro, defensa y acusación,  táctica y estrategía, jugando a un juego, donde solo habría de nuevo una mirada ardiente de orgullo al ver a su mejor amigo vencedor.  Sara ct

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