SIN QUERER

Y fue sin querer, mi mano en tu sexo, mi alma rozando tu piel, mi boca besando todo lo que encontraba a su alcance, marcando un mapa de piel, buscando lugares nuevos aún sin descubrir, que permanecían ocultos, prohibidos al placer del nacimiento de un deseo adictivo aún sin conocer.

Mil besos como antesala de un suceso, amenazadores del sexo que sin ser todavía ya erizaban toda la piel. Los besos robados, los labios probados y fuertemente mordidos, la pasión encontrada de dos bocas sin límite pero con destino, iban marcando la dirección de la mecha que a su paso iba encendiendo un fuego y otro, marcando así la dirección del incendio que aún no había sido prendido y ya ardía. 


Los ojos recorrían cada lunar, marcando puntos estratégicos, sin hablar pedían más, permanecían hechizados, inmersos en la luz de su mirada, atentos a todo gesto, capturando vida presente y recuerdos futuros, fijando instante, fotografiando milímetro a milímetro su bello cuerpo, grabando el camino trazado de sus manos por toda mi piel.

La voz quieta, solo se oía al gemir pidiendo continuación, a la respiración cada vez más acelerada,  y en el silencio de aquella estancia solo se escuchaban dos latidos vibrando al compás de la necesidad de amarse.


Y fue sin querer, descubrirnos, tu abrazo a mi vida, mi beso robado, tu incendio en mí que continua sin poder ser apagado. Y la culpa fue el secreto mejor guardado, que acabó siendo la llave al paraíso del dejarse llevar, dejando salir al paso de las caricias de sus manos por mi cuerpo la pasión acumulada de años, encendiendo lentamente y poco a poco las ganas, la piel que x primera vez era acariciada, se erizaba de dentro a fuera, tal volcán a punto de estallar, tiritaba de puro placer al sentir su respiración bajando de mi cuello hasta ese punto exacto donde todo empieza y acaba, si se hace como se debe hacer.

el cuerpo desnudo de vergüenza, vendido al placer, los senos tersos, los pezones a flor de piel, fueron chupados, lamidos, mordidos, acariciados y besados una y otra vez mientras sus manos sobre mi vientre bajaban cómo quien sigue el trazo de una flecha, invitando un cuerpo totalmente ofrecido al recibimiento del placer, con mil y un movimientos, a seguir bajando, elevándose a su paso del colchón, saberoso del miedo que se siente cuando todavía no has empezado y ya crees no poder más. Y es entonces cuando acaricia ese lugar, cuando todo mi cuerpo pide al unísono la ansiosa continuación, cuando su cuerpo fluye dentro del mío, zona de impacto, único lugar donde sí se necesita medir las fuerzas a base de entradas y salidas. Abriendo en cada empuje el canal de mis piernas, sintiendo todo su cuerpo dentro, su humedad y la mía, el sudor compartido, dos cuerpos bailando al ritmo frenético de las ganas compartidas, la necesidad de pausa porque ninguno de los dos quiere que ésto acabe nunca. 

Sentir su miembro, acercarse, entrar en mí, era sentir el miedo del enganche a aquel empuje y arrastre, que tal reloj comenzó a tener ritmo propio, primero lento, después fuerte y profundo hasta llegar ambos a esa maravillosa sensación de sentirse poseídos x la pasión del cuerpo hasta caer rendidos, respirándonos el placer consumido, mientras permanecíamos quietos sin salir aún el uno del otro hasta lograr recuperar latido, respiración, aliento y sentido.



Fue sin querer que follándose como nunca acabaron haciéndose el amor como jamás nunca antes.                                              Sara y.  23-05-2017

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *