Primer domingo de mayo

«Cada vez que nace una vida,
nace una madre».
A mi madre.
Mamá, recuerdas esas pequeñas cosas tuyas que repetías una y otra vez, esas que me dabas a cambio de nada, porque sí y sin más, ahora son mías, están en mí, todo lo que me diste se guardó bien dentro para salir en los momentos necesarios de la vida. Me dotaste de constancia, paciencia, coraje, fuerza y lucha, que hoy reproduzco en todas mis batallas personales, que son muchas, y me siento idéntica a ti cuando ahora soy yo la portadora de dicha enseñanza, responsable de lograr que lleguen todos esos valores al corazón de mi hijo.
Mamá, gracias x tantas y tantas cosas, y perdóname por otras tantísimas más que no supe hacer cómo, cuándo y dónde tú me decías, porque no quise, no supe o no pude realizarlas cómo tú pensabas por hacerlas cómo, cuándo, dónde y con quién yo las sentía, hacerlas así me hicieron la mujer que soy hoy y de la que sé que te sientes orgullosa, lo sé, porque se te escapa el secreto en cada sonrisa.
Mamá, recuerdas cómo me acompañaste el paso hasta que fue pisada y cómo tu amor enorme iba creciendo bajo el mismo ritmo que el mío. Hoy te confieso que contigo siempre he estado en deuda, esa necesidad tan mía de devolver con creces lo recibido, siempre quise quererte más y cansada de esforzarme me di por vencida al descubrir que era imposible porque nuestro amor nació ya siendo equilibrado e infinito.
Mamá, recuerdas mis caídas, mis rasguños, heridas y cicatrices posteriores, fueron pocas la verdad, pero todas las curabas con sumo cuidado, cantabas tu himno sanador: «sana sana culito de rana, lo que no se cura hoy sanará mañana» o » sana sanita lo que te duele hoy mamá con un beso te lo quita», de cuanto dolor me salvaste con ellas. Hoy miro las marcas de mi piel y me alcanza el recuerdo de tus manos, siempre fueron embalse sobre mis mejillas, frenando la caída mortal de lágrimas, luchando por cambiarlas una a una por sonrisas.
Mamá, recuerdas mis huidas en busca de límites, yo no recuerdo ni el por qué ni el motivo ni los lugares donde iba, ni qué me llevaba a buscarlos o a encontrarlos, lo que sí recuerdo es cada regreso a tus brazos que siempre eran hogar.
Hoy recuerdo que nunca fui tu preocupación pero tú la mía sí, ese constante miedo tuyo que nunca me dejo ser niña, ni hija, en un intermitente rol entre niña-amiga-mujer, luchadora de tus derechos como mujer que quizás eso me haga comprender mi inquietud de lucha constante contra las injusticias y las desigualdades de la vida.
Y gracias mamá por enseñarme que al otro lado del miedo no hay fantásmas, que lo importante de la vida son los hechos y sobretodo aprovecho este día, que no es diferente al resto, para agradecerte infinito haberme enseñado que lo importante de la vida es ser uno mismo y amar sin miedo al rechazo.
Te amo mamá.
Sara y.

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