Nunca digas siempre, nunca digas nunca

Nunca digas siempre, nunca digas nunca, xq justo cuando juras esa prohibición individual, propia, prometida a uno mismo, se convierte en una fuerza opuesta que te empuja a hacer justamente lo contrario. No escribas..y escribo, no pienses.. y pienso, escapa, corre.. y te encuentras paralizada, tumbada, mirando al techo de la habitación sin salida. Y yo que siempre fui de frente, nunca logré ser valiente, nunca pude hacerlo cuando he tenido en frente la ocasión, siempre acabo escondida entre miles de letras que se van volando, y van quedando amontonadas en las estanterías del olvido, porque ninguna de ellas cumplió su cometido, derrumbar su coraza, entornar las puertas de un corazón aparentemente helado, nunca se han acercado ni un poco a su destino, ni han caído dentro, ni queriendo ni sin querer, y yo que siempre esperé paciente a que me trajeran resultados, soñando también con que fuera él quien lo abriera y me dejara entrar como un soplo de aire fresco y cerrará tras verme pasar, tras tenerme dentro, pero no, no se abrió ninguna puerta, ni derrumbe su bloque de hielo, sigue frío, helado, distante, y yo… que lo entiendo todo a mi manera y no hay quien me haga cambiar de revés, de sentido, de dirección, insisto, bloqueando mis propias salidas, sin darme cuenta que con ello soy yo la que queda atrapada, limitando mis miedos, sujeta a una necesidad inventada, ficticia, inexistente, pero que siento que es tan necesaria todavía.
Quizás haya que empezar x un punto y final, no x uno con puntos suspensivos, ni con puntos y a parte, sino x uno que empiece de cero, xq desde el principio esto no va nada bien, saber tanto, no saber nada, sujetarnos el corazón en cada ocasión y después arrepentirnos, de tanto, de nada. Sara y.

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