Luces, cámara, acción.
Se encendieron las luces y algo comenzó a golpear desde dentro, cada vez más rápido, más fuerte, dando inicio a la guerra de siempre. Lucho por frenarlo, pero con nada consigo vencerlo, será que algo se a roto por dentro, que hace que ya nada siga las notas anteriores, del ritmo hasta ahora marcado. Todo suena diferente, todo a ido alcanzando otro valor, distinto al esperado. Piso lento, despacio, el suelo que me rodea, ya apenas sin fuerzas, quizás porque he caído demasiadas veces en el duro asfalto. Decidida a no mirar atrás, a dar el último paso final que rompa con mis miedos, que rompa con mis múltiples fronteras, esas que no me dejan respirar libre, mirar sincera, callar lo que siento y gritar lo que duele. Acelero, el ritmo, el latido, el paso y me lanzo sin miedo, creyendo con ello que no habrá vuelta atrás, que equivocada, que ilusa, pues la vuelta es más dura, y en ella ya no se puede frenar lo que en su día comenzó, una auténtica guerra de latidos. Sara ct