hoy

He dejado de pensar en el mañana, he dejado de hacer planes a un plazo más largo que el ahora, he dejado pasar muchas cosas por querer llegar cuanto antes a algún sitio, a alguna cita, a un encuentro, a un examen, al día de una boda, aún recuerdo la prisa por ver nacer a mi hijo, y pienso que yo misma provoque que fuera prematuro. Hoy me doy cuenta de todo los días, horas, minutos y segundos, con sus miles de momentos, que ya no volverán, oportunidades que no vi, otras que rechace pensando que lo que elegía era lo correcto, y no es que me arrepienta de nada, de todo lo vivido, lo que quiero decir, es que ahora mismo quiero que todo fluya muy lento, no quiero dejar de mirar ni un segundo el crecimiento de todo lo que a mi lado ha crecido, y seguir regando todo para que crezca todo aún más, no quiero olvidar ninguna de las cosas que me hicieron fuerte, ni olvidar que nacer mujer no fue un error, pues a veces sentí que serlo llevaba con ello falta de libertad y decisión. Sé que el sufrimiento vivido, a veces causado por mí misma, por exigirme tanto, duele más que las desilusiones causadas por personas ajenas, esas que ya no son nada simplemente porque ya no están. Siendo honesta, la vida te enseña a sentir que nadie puede hacerte más daño que uno mismo, porque el responsable de todo es uno, el ego, la autoestima, esa que nace desde que eres pequeña cuando los que te quieren te hacen sentir que vales, que eres capaz, que puedes, no es más importante que el aprendizaje propio que te da la madurez. No hay nada mejor que aprender, por uno mismo, que todos somos capaces, si nos lo proponemos y que más tarde o más pronto todos alcanzamos nuestro lugar. Y es fácil ahora decirlo, tras tantos años sintiéndome pequeña, tan pequeña, tan ajena a todo, tan distante de nada y de nadie. Ser sensible tiene su cosa, ser humilde y sincera también, porque siempre habrá alguien que se apoderará de tus debilidades y las utilizará para hacerte sentir si cabe un poco más pequeña. Yo ya sé lo que se siente, también sé lo que cuesta levantarse, crecer sin que nadie te de su mano para ayudarte, un abrazo de orgullo cuando por fin conseguiste algo, que te valoren tus pequeños esfuerzos,y aún así ser capaz de demostrarme a mí misma que no soy como piensan, que puedo aún con la coraza puesta, por mi miedo a que vuelvan a hacerme daño, cada día más fría, distante, incluso dura, con aquellos que se creen con la fortaleza suficiente como para pisarme otra vez. Con el tiempo me he desecho de ella, me pesaba demasiado, me escondía de mí misma, el tiempo logró darme la solución, tan fácil como no escucharlos, ignorar. Hoy ya no oigo sus chantajes, ni sus amenazas, esas que como armas de fuego lanzaban encontrar mía. Fueron tantas las veces que me pregunté por qué, que ya casi no recuerdo cual era la pregunta. Hoy quiero olvidar lo ya olvidado, perdonarme y perdonar si por mi protección hice daño, quiero caminar despacio, ir de la mano o abrazada de las personas que me ayudaron no a atravesar la coraza, sino a quitármela, y llegar a un hoy más decidida que nunca a no querer vivir más en el ayer y nunca a un lugar mucho más lejano que el mismo mañana. Sara y.

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