Felicidad sentida
Hoy el espejo se cruzo conmigo, y resultó curioso que antes de mirarnos ya había dibujada una enorme sonrisa en mi boca y en mi mirada vi renacer aquella luz escondida que desde hace tiempo no iluminaba los espejos de allá donde me reflejaba.
Hoy me miré y me gusté, despeinada, a medio pijama, a medio despertar, con la cara limpia y con la mente aún llena de sueños.
Con paso rápido vuelvo a la cama, más deshecha que otras mañanas, menos gastada que otras noches, me envuelvo por el desastre que amanece en ella y siento el placer de la soledad que deja una cama vacía.
Mantengo y retengo la oscuridad perdida de todo lo que fuera de aquí el sol ya ilumina, y vuelvo a cubrirme con esta noche ficticia, que a mí me gusta alargar tanto, que asienta mis pensamientos y me ayuda a sanarme de esa vida a contrareloj y llena de maquillajes en la que recuerdo cruzándome rápida con el espejo y fingir en él una leve sonrisa, reflejo de la felicidad pintada que no sentida.
Sara y.