Eterno enamoramiento

La gente que me conoce sabe que vivo en un eterno enamoramiento, me gusta la noche por lo que me inspira y a la vez nos oculta, también su opuesto, el día, por lo que su luz nos muestra, nos enseña y nos ayuda a divisar y diferenciar tono a tono cada color bajo esa diferencia de tonalidades, tan grande, esa que nos dan los diferentes grados de luz, que sin darse cuenta devuelven los objeto según está le sea proyectada, logrando dejar con su ausencia dicho objeto completamente oculto, ausente, escondido de la visión y sin embargo nunca de su tacto. Me gustan los buenos días, despertarme antes de que suene el despertador, escuchar la voz de mi hijo cuando me llama y me pregunta desde lo lejos, mamá, ya es de día?¿, y lo que le sigue tras su «ven mamá!!», su beso tan inocente en mi boca. Me encanta el silencio y a la vez el ruido, creo que todo en equilibrio es necesario. Me gusta desayunar tarde, sin prisa y a poder ser descalza y apenas sin ropa, ducharme cuando no hay nadie en casa con mi música siempre de fondo o no tan fondo, pues solo me falta meter el ordena en la bañera para escuchar bien fuerte algunas letras. Me encanta el agua ardiendo, el olor de los geles que se evapora casi en segundos. La suavidad de la toalla y esa sensación que te deja el aceite en la piel que se asemeja a la de acariciar un petalo de rosa. Me gusta leer sin prisa y llevar siempre un libro, un lápiz y una libreta encima. Me gusta que los días sucedan, la lluvia que me cala cuando sabiendo que llovería me deje sorprender por ella. Me gusta caminar mirando las baldosas, o ir sobre el bordillo manteniendo de este modo mi equilibrio sobre las cosas. Me gusta la sombra de un árbol, la compañía de un buen amigo, la mirada limpia de mi perro, escuchar atenta la respiración casi inesistente de mi hijo cuando duerme que tanto me calma, la suavidad y el olor a limpio de unas sábanas limpias, recibir una visita, llamada o mensaje inesperado. Me gusta pensar, y como sabéis escribir. Me gusta esperarte, encontrarte en cada rincón, en cada objeto y recuerdo, en cada letra o melodía, mirarte, tocarte y respirarte. Pequeñas cosas que enamoran y ocupan mis días, aunque no todas sean posibles. Sara y.

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