Escuché

Escuché cerrarse la puerta y vi marcharse el día poco a poco por la única rendija que me separaba de la luz, me mantuve inquieta y escondida,
todo quedaba poco a poco desvanecido de su color y luz, todo era oscuridad, iba del gris al negro, del volumen a la desaparición total de objetos visibles. Fue entonces cuando la paciencia se apareció entre sombras invisibles cuando la luz no existe. Aprendí de ella a ver con la perfección que solo el tacto da a las cosas te enseña, y fue entonces cuando la luz dejo de hacerme tanta falta y comencé a mirar con los ojos cerrados al mundo que cada uno de nosotros esconde cuando nada más que se ve lo que somos y no lo que queremos mostrar a plena luz del día. Sara y.

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