El camino que no iba a ninguna parte
EJERCICIO 4. Relato corto, siguiendo una parte de una historia.
A la salida del pueblo había tres caminos: uno iba hacia el mar, el segundo hacia la ciudad y el tercero no iba a ninguna parte.
Martín no sabía porque, se lo sabía preguntado a casi todos, y todos le habían dado la misma respuesta:
– ¿ Aquel camino? No va a ninguna parte. Es inútil ir por ahí.
– ¿Y hasta donde llega?
– No llega a ninguna parte.
– Pero entonces¿ Por qué lo hicieron?
– No lo hizo nadie, siempre ha estado ahí
– Pero ¿ No ha ido nunca nadie a ver adónde va?
– Eres bastante testarudo; ¿No te digo que no va a ninguna parte?
– Si no habéis ido nunca, no podéis saberlo.
Era tan obstinado que empezaron a llamarlo Martín Testarudo, pero él no se enfadaba y continuaba pensando en el camino que no iba a ninguna parte…Una de tantas noches volvió a despertar, está vez lo recordaba todo, se levanto a toda prisa y sin hacer el menor ruido salió sigiloso al encuentro. Está vez por fin, llegaría hasta el final. Salió como quién sabe que sale para ya no volver jamás, se despidió de todo. Corrió a toda prisa, esta vez nadie le impediría llegar, ningún vecino le podría engañar más, necesitaba unirlo todo y tenía que llegar hasta el final.
Cuando ya estaba al otro lado del pueblo, justo en la bifurcación de los tres caminos, respiro profundo y comenzó a caminar un paso tras otro sin mirar atrás. Era imposible que ese camino no llevará a ninguna parte, todo camino te lleva hasta algo. El camino de la derecha te llevaba al mar, el del medio te llevaba a la ciudad y, ¿Por qué este otro no te iba a llevar a ninguna parte?, Martín no lo podía comprender.
Esta noche a tenido suerte no se ha cruzado con nadie, nadie le ha hecho retroceder en su incesantes ganas por ver, nadie le hizo dar media vuelta, retroceder.
Esa noche Martín lo consiguió, nadie lo vio y ahora caminaba sin ninguna prisa por el sendero de aquel prohibido camino. Sabía de sobra que hoy llegaría hasta el final de ese camino, lo había visto en sus sueños y, está vez nadie se lo impediría.
Camino durante muchas horas, hasta llegar a los pies del mismo cartel en el que se dibujaba la palabra fin. Todo era verdad, allí todo acababa, ya no había mas sendero por el que andar.
Todo había acabado, todos tenían razón.
– ¿Aquel camino? No va a ninguna parte. Es inútil ir por ahí,
– ¿ Y hasta donde llega?,
– No llega a ninguna parte.
Todas esas preguntas que durante años Martin realizó a sus vecinos una y otra vez, le aporreaban la cabeza.
Entonces cansado se sentó justo ahí sin dejar de mirar a aquel cartel, cerro sus ojos, intentando ver cómo aquella última vez. De repente todo era tan fácil, como unir una foto a otra, un sueño con otro, una ráfaga de recuerdo con otra, de tal forma que al unirlas todas formaban aquel final de camino que él un día se obligo a cerrar, que le obligo a olvidarlo todo. Aquel día de hace ya más de 70 años Martín juró que nadie más cogería ese camino y su locura le obligo a borrarlo a ponerle fin. Con su propia sangre escribió aquellas palabras y volvió de vuelta a su hogar sin decir ni una sola palabra a ninguno de sus vecinos.
En ese momento, mientras acariciaba aquella señal de fin su realidad se hizo presente y comenzó a andar marcha atrás, a cada paso dado se iba abriendo en él aquel camino, veía un vestido blanco, oía una risa, sentía el tacto de su piel aterciopelada, notó incluso aquel beso, beso culpable de todo, pues no le dejo ver aquella curva. recordó la dirección hacía algún lugar al que sin prisa iban a llegar aquella misma noche. noche que jamás tendría fin. Pero de repente le invadió el sonido de la noche, de aquella olvidada noche y fue capaz de escuchar de nuevo la música de sus voz sonar.
Martín entonces abrió sus ojos, su corazón ya no podía más, comprendió el porque de su insistencia a cada momento por saber a donde llevaba ese camino, y la insistencia de sus vecinos en hacerle llegar la idea de que aquel camino no iba a ningún lugar, más a el de sus recuerdos, recuerdos que su mente le regalo un día con el olvido hasta de recordar.
Y esa noche, que no tendrá final, Martín volvió a dibujar: «Camino que no llevas a ninguna parte, camino por el que ya nadie preguntará más, pues hoy vuelves has vuelto solo por un momento a mi mente para hacerme llegar y morir en sus brazos para ya no olvidarla jamás». Sara ct.