DESPEDIDAS INTERMINABLES

Siempre surgía una excusa para otro reencuentro, elegida siempre por el destino, fechas marcadas en un calendario imaginario donde solo dos saben cuantos días les quedan para verse porque saben que volverán a hacerlo. Siempre surgía la necesidad vital de verse una vez más, de mirarse una vez más, como si tal vez existiese ese número limitado de veces en las que el amor dijese basta, dijese ya es suficiente. Y en cada encuentro, siempre surgía un nuevo adiós sumado a otros tantos ya, en el que ambos andaban contando los días y las horas para volver a despedirse. sARA Y.

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