Atrevida

Quizás nunca debí ser tan atrevida, olvidé que todos los héroes además de hombres, siempre acaban heridos. Cómo pude no creer que la valentía vendría y me encontraría vencida por el cansancio y la sin salida, y que pasaría su ardua factura.
Y ya, lo sé, que las palabras acaban olvidándose, borrándose, marchándose sin encontrar su sentido en ninguna parte, abandonadas, impregnándose por las ganas de olvido que van ganando la partida a los latidos que cada palabra hicieron remover conciencias, abrir la puerta de las dudas, de las ganas y porque no decirlo también a la locura. Y es que hay palabras que dan, penetran, se inyectan en vena y van directas a un corazón que sorprendido queda paralizado sin saber donde encajar tanto. Cada palabra conforma la sinfonía de un secreto escondido, oculto, que solo escuchando su reflejo en tu propio latido serás capaz de descifrar, y es que hay palabras laberinto y laberintos que mantienen vivos los sentidos.
Todo lo que se necesita acaba desgarrándose en los deshilachados finales, cuando nunca se alcanza a ni tan siquiera rozar un sueño no soñado, sino vivido, que ingenuidad creer que un mensaje sentido pudiera romperse de un soplido.
Y duele, sentir que soy parte de la culpa, esta que me aprisiona, esta que solicita echar pasos atrás, reclama su tiempo perdido, y que acaba cubriéndolo todo por una capa de miedo futuro, por un aviso de tormenta y viento que acabará por zarandear toda ilógica y situará el punto final a esta batalla campal del sentido racional que algunas cosas necesitan. Imagino que está buscando el lugar y momento idóneo para golpearme, poner final a lo que nunca debió tener principio, mientras tanto seguiré huyendo por este loco laberinto mío en el que dibujar palabras se ha convertido en el modo de pasar el tiempo más rápido de lo que el paso lento de los días van sucediendo. Sara y.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *