Aquel día gris

Aquel día todo estaba en calma, hasta que apareció la lluvia, que llegó como cuando llega algo que ya no puede marcharse, cubriendola por todas partes. Desde entonces no cesó de llover en su vida durante años, calando todo lo que hasta entonces tuviera que ver con ella, su sonrisa comenzó a desaparecer, su parloteo se convirtió en silencio, su alegrìa se trasformó en tristeza, y sus ganas por salir de aquel cuarto fueron desapareciendo, como desaparecieron las conversaciones, las  visitas y más tarde las llamadas, alejandose y alejando  poco a poco a todos de ella, de lo que era, de lo que fue. Abandonando su energía y sintiendose sin fuerzas para ya cambiar nada.                         Despertaba, siempre tarde, cuando la lluvia golpeaba fuerte su ventana, avisandola de que ya era de día, y al levantar su oscuridad, a su alrededor todo se teñía de ese color gris que simplemente lo entristecia todo. Durante esos interminables días y semanas aprendió a sobrevivir entre grises, amando simplemente las cosas cotidianas, volviendose a encontrar con la esencia de lo mínimo, y comenzó a amar aquel color,  a aquel estado que la mantenía inmovil en aquel cuarto, en el ya nada necesitaba, en el que escribía y escribía sobre cosas que hasta entonces no había prestado atención, ella misma, sus emociones y pensamientos, sus penas y sueños y con ellos vivía,  de ellos se alimentaba. Acabó amando el sonido de la lluvia que rompía el silencio de aquel pequeño cuarto donde ella permanecía horas y horas, donde la noche llegaba a confundirse con el día, logrando que el insomnio tomará parte ya de su normalidad. Aprendió a vivir sin esperar nada,  sin horarios y sin cambios en esa rutina que ya era su vida, y que ya simplemente amaba, y fue justo en ese instante de aceptación, cuando comenzó a amanecer soleado, y comenzó a despertarse, con ese rayito de luz que entraba e iluminaba su rostro de entre las sábanas, con el sonido del cantar de un pajarito que comenzo a pintarla sonrisa en sus labios y que la ayudaba a madrugar poquito a poquito cada día más temprano, ayudandola a acostumbrarse a el color que inundaba su alrededor, el mismo que dejó solo un gris en su vida,  el gris de su lápiz que desde ese día comenzó a dibujar palabras a color. Sara ct.

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